Conectar con empatía y actuar con compasión. En el programa Kindfulness para el estrés ponemos énfasis en esta distinción, importante para cuidarnos y cuidar a los demás: la compasión va más allá de la lástima, la simpatía y la empatía.
Es habitual que las palabras «empatía», «compasión» y «simpatía» se usen indistintamente. Todas representan rasgos positivos y altruistas, pero no se refieren exactamente a la misma experiencia.
Lástima y compasión
La principal diferencia entre lástima y compasión es la actitud hacia la persona que sufre. La lástima implica una sensación de superioridad o condescendencia; la compasión, una actitud de igualdad y respeto hacia esa persona.
Simpatía y empatía
La simpatía y la empatía son actitudes que favorecen relaciones humanas positivas, pero no son iguales. Factores como el tipo de escucha, la profundidad, el punto de vista y el grado de apertura marcan diferencias importantes.
- Escucha. Desde la escucha simpática quizá intentemos dar un consejo para mejorar la situación del otro; en la escucha empática lo importante es escuchar sin juzgar y hacerle saber que puede contar con nosotros para lo que necesite.
- Profundidad. Se refiere a las emociones. Con la simpatía distinguimos las emociones del otro; con la empatía resonamos con ellas y nos vinculamos. La empatía implica una comprensión profunda; la simpatía se centra en la preocupación y el apoyo sin necesidad de involucrar las emociones.
- Punto de vista. Con la simpatía observamos la situación del otro desde nuestro propio punto de vista (de forma autorreferencial); con la empatía intentamos comprenderla desde su perspectiva. Ese es el sentido de «ponerse en los zapatos del otro».
- Apertura. La simpatía no necesita una relación profunda: podemos ser cordiales con un compañero de trabajo. La empatía, en cambio, pide apertura al dolor o la vulnerabilidad del otro, sin minimizarlo ni juzgarlo.
Las dos cualidades de la compasión
Es útil distinguir dos cualidades en la compasión: comprender lo que siente el otro y la voluntad de actuar para aliviar su sufrimiento. Esa voluntad o motivación de actuar es la dimensión altruista, o conductual, de la compasión. Y es paradójico: cuando hacemos algo a favor de los demás, también nos sentimos más felices y saludables.
La siguiente imagen distingue visualmente la compasión de experiencias parecidas como la empatía, la simpatía y la lástima.

También existe la «compasión idiota», expresión acuñada por el maestro budista tibetano Chögyam Trungpa Rinpoche para referirse a una compasión que en realidad intenta evitar el conflicto y quedar bien: dejamos que los demás hagan cualquier cosa porque no tenemos el coraje de poner límites.
La compasión tiene dos dimensiones: empática y altruista. Tiene un aspecto de sabiduría en el que mindfulness, la atención consciente, juega un papel muy importante: ver la experiencia tal como es. Para ayudar de manera efectiva necesitamos comprender lo que está ocurriendo. También necesitamos empatizar, hacernos sensibles a la experiencia del otro. Y luego está la dimensión altruista: hacer lo que esté a nuestro alcance para ayudar.
Un vídeo imprescindible
Este vídeo de Brené Brown es imprescindible para aprender sobre la empatía y la escucha activa. De forma sencilla, muestra los pequeños hábitos que tenemos cuando escuchamos a alguien que nos cuenta un problema o un conflicto.
Si quieres practicarlo, esta distinción es parte del programa Kindfulness para el estrés y del libro «Kindfulness».
Publicado originalmente en respiraVida.
